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DISA agosto-octubre22

Capdevila: "En nueve tramos cambiamos dos cajas de cambio"

ENTREVISTAS  |  MotorADiario  |  06 diciembre 2016 17:28

A finales del pasado mes de noviembre se cumplieron 25 años del R.A.C. de 1991. Una prueba recordada por los aficionados españoles en general, por la pérdida del título y la lucha constante de Carlos Sainz, y por los canarios en particular porque allí se materializó el subcampeonato del mundo de Grupo N de Fernando Capdevila.

 

Hablamos de esa cita con su protagonista, y además hacemos un repaso a lo que supuso aquel año para él, sin duda uno de los más importantes –sino el que más- del automovilismo insular. Con esta entrevista cerramos nuestro viaje a aquella temporada, agradeciéndole al director deportivo de Copi Sport el tiempo que nos ha dejado robarle para hacerle llegar al lector todas estas interesantes historias.

 

· ¿La victoria en España justificaba, de algún modo, una temporada que no fue fácil?

FC: La victoria en España lo que justificaba era el nivel de conducción que habíamos logrado. Justificaba que podíamos luchar contra los mejores y que era cuestión de que la mecánica aguantara para que pudiéramos ser campeones del mundo.

 

Paralelamente realizábamos a la perfección la parte comercial del patrocinio, y eso sí que era independiente del resultado; los touroperadores estaban encantados y la Consejería de Turismo también, luego los únicos que necesitaban la justificación, la tenían.

 

· En cualquier caso sí que te libraría de cierta presión a la hora de afrontar el R.A.C. Después de una serie de abandonos que se produjeron muy pronto, abordar la última ronda de la temporada tras una victoria tuvo que ser diferente…

 

FC: La victoria era importante ya que nos mantenía intactas las posibilidades de luchar con Menem por el subcampeonato. También es cierto que afortunadamente llegó en el mejor momento, en nuestro país y ante la visión de todo el automovilismo nacional.

 

· El R.A.C. forma parte de esa serie de rallyes míticos, con personalidad, como los ‘Monte-Carlo’, ‘Tour de Corse’, ‘Safari’… Nos avanzabas que era tu rallye más difícil, ¿lo fue desde los reconocimientos?

 

FC: Y tanto. Era el rallye con más restricciones para entrenar, ya que había muchos tramos del tipo “Mickey Mouse” en parque o castillos, y sólo se abrían dos o tres horas para tomar las notas. Gracias a la ayuda de Carlos y Luis, que nos reservaban los hoteles en lugares estratégicos para dormir junto al primer tramo del siguiente día y poder dar así al menos dos pasadas.

 

Había nevado y los bosques eran un auténtico infierno. Recuerdo que un día pinchamos y al ir cambiar la rueda la tierra “se tragó” dos tuercas; tuvimos que bucear medio metro entre nieve y barro para encontrarlas...

 

· Cerca de 40 pruebas especiales y casi 600 kilómetros contra el reloj, pero la primera etapa respondía a los complicados ‘Mickey Mouse’. ¿Era complicado arrancar un rallye de este tipo con un itinerario tan diferente a lo que les esperaba a partir del segundo día?

 

FC: Siempre se ha dicho pero es la verdad. Eran tramos donde tenías mucho mas que perder a lo que tenías por ganar. Las notas eran muy precarias, pero además cuando llegáramos nosotros ya habrían pasado 40 coches haciéndolos impracticables. Había que ir con mucho cuidado.

 

· Siguiendo tu punto de vista, ¿qué condiciones hacían de este rallye el más difícil de todos?

 

FC: Como ya adelanté, los tramos, especialmente en Kildest Forest, eran un auténtico barrizal, mezclado con restos de madera de la tala de árboles. El coche no iba por donde tu querías sino por sonde él podía, con enormes roderas y aquella especie de jabón peligrosamente resbaladizo. Eso hacía que tuvieras que improvisar mucho más de lo habitual y esperar los sustos donde no te los podías imaginar… Siempre he dicho que el rally más bonito, la conducción por excelencia, era el 1.000 Lagos en Finlandia, pero un R.A.C., con todas estas dificultades, es lo que lo hacía apasionante y por supuesto el más difícil.

 

· Fue un rallye con una alta competencia en el Grupo N, ¿cómo arrancó la primera de tus dos experiencias en el R.A.C.?

 

FC: El domingo empezábamos con los nueve complicados Mickey Mouse, y no podía hacerlo de mejor manera para nuestros intereses. En la salida del segundo tramo nos afirmaron que Menem había intentado ‘mover’ un castillo de sitio con su Ford Sierra en el primer “Harrogate Showground”, de cuyo intento salió obviamente perdedor. Efectivamente, no había calculado el barro que los de delante habían sacado a nuestra llegada, y se lo tragó. Nuestro objetivo de ser segundos del mundial estaba garantizado desde ese momento…

 

· Pero de nuevo la mala fortuna quiso que no acabases la última prueba del mundial de 1991, ¿qué pasó?

 

FC: Íbamos sufriendo demasiado. El primer día en tan sólo nueve tramos ya habíamos cambiado dos cajas de cambios. Y a la salida del segundo día la tercera, pero eran de ‘mantequilla’. Justo en el tramo 14, ‘Hafren’ el segundo más largo del rally con más de 35 kilómetros, volvió a romperse y ya no pudimos llegar a la meta.

 

· Lo mejor es que, a pesar de todo, pudiste alcanzar el subcampeonato del mundo de Grupo N. ¿Este resultado y la victoria en España te abrían un nuevo panorama de cara a 1992?

 

FC: Al menos me dejaban con buen sabor de boca. Yo era consciente de que nos merecíamos mucho más, pero el coche no nos permitía estar a la altura de De Mevius. El programa tenía justificado un segundo año, con el objetivo de ir a ganar el título y corrigiendo el error del preparador. Teníamos claro que aunque hubiera que hacer menos carreras debíamos contratar los servicios de M. Teylor o M. Little, que eran los mejores del momento.

 

· Haciendo un repaso a toda aquella temporada, y nada menos que 25 años después, ¿qué hubieses cambiado de aquel año?

 

FC: Pues justo y solamente lo que te acabo de decir. Tener un coche más potente y robusto. El nuestro era de los que menos corría y encima de los que más se rompía. Fallamos en la elección del preparador…

 

· Por cierto, fuiste testigo muy cercano de la mala fortuna de Carlos Sainz en la recta final de 1991, ¿cómo recuerdas aquella etapa?

 

FC: Sufríamos como nuestros los problemas de Carlos. Fue tanto lo que nos ayudó que era imposible no hacerlo. Este deporte es muy injusto a veces, y con Carlos lo fue también, aunque no tanto como con nosotros.

 

· Y para finalizar, ¿te atreverías a contar como deportista protagonista las tres mejores cosas, y las tres peores, de aquella primera temporada de un canario en el WRC?

 

FC: Las mejores son muy fáciles: derribar otra barrera en favor de nuestros pilotos; marcar un nuevo hito en las historia de nuestro automovilismo; disfrutar haciendo profesionalmente lo que más te gusta y llevando el nombre de Canarias por el mundo.

 

Las peores también están claras: los abandonos excesivos, a pesar que nunca fueron debidos a fallos míos; la guerra abierta declarada por parte de la prensa de Gran Canaria; la ambición y avaricia de otros pilotos que no les importó destruir un proyecto con futuro con tal de sacar tajada.

 

Javier Viera

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